Consumo, luego voto

Como sabrán, el último programa de Salvados trataba de la forma de obtener grandes beneficios por parte de la industria textil europea y americana. Esto, a través de mano de obra barata, con condiciones laborales pésimas desde el punto de vista de un observador europeo.

La respuesta de los internautas fue inmediata, demonizando a estas empresas y en algunos casos justificando la necesidad de comprar low-cost, a pesar de que en el programa queda claro que esta forma de actuar se da a todos los niveles de marcas, precios y calidades. Pero en ningún caso se proponían protestas efectivas contra estas prácticas.

En la actualidad, low-cost o high-cost, tenemos más prendas en nuestro armario que las que se tenían hace 20 años, cuando la ropa se fabricaba en España, más cara y de mayor calidad. No nos justifiquemos: si compramos low-cost, es porque queremos variedad. Nos hemos acostumbrado, con ayuda de las marcas que proponen seis temporadas al año en vez de las antiguas dos, a cambiar. Nos resulta insuficiente tener los básicos bolsos negro y marrón junto con otro para vestir. Asumamos nuestra parte de culpa.

Podríamos, por ejemplo, decidir no adquirir ninguna prenda en el próximo mes como forma de protesta en un idioma que las empresas entiendan, el económico. Pero eso requiere reprimir deseos. Es más fácil criticar su actitud desde nuestro ordenador, liberando estrés y conciencia.

 

Anuncios